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Los daños que provoca la caja boba

16 Dic

  Los daños que provoca la caja boba 

(Nota Personal: Este tema ha
sido un clásico cliche entre la mayoría de todas las carreras de
comunicaciones, diseño, publicidad etc, que tengan alguna relación con esto. La
influencia de la televisión, en este caso la televisión como productora de
déficit de atención.
Si bien, este
tema me parece muy alarmante, por que de hecho yo he puesto a mi hermano menor
en esas situación e inclusive a mi hermanita la de en medio también paso por la
misma situación, siento que mi conclusión después de leer esto, podría ser muy
criticada por lo pesimista que resulta.
Hoy en día
siento yo es casi imposible que un niño sea expuesto a esta clase de
interacción, solo que vivan en una situación económica muy mala, o vivan muy
alejados por allá por la sierra.
Y creo que la
conclusión de no exponer a los niños a la televisión en toda su infancia es
algo muuuuuuy difícil, entiendo a esta conclusión como “una sugerencia que la
gran mayoría ignorara”, y esta sugerencia será aplicada por el gobierno, por
que aceptémoslo, es mas barato lanzar al aire una sugerencia que nadie tomara,
a invertir millones para que la educación publica sea mas entretenida.
Pero no me
malinterpreten, yo no les ordeno que hagan eso con sus hijos, yo solo expreso
mi opinión.
Y sin mas que
decir, aquí esta el articulo de dicha investigación. Disfrútenlo. Atte YISSUS
)

Un estudio
publicado por la revista Biologist sostiene que mirar TV puede dañar a las
personas, especialmente a los niños. El problema no son los contenidos, sino
los estímulos que ofrece la pantalla.

Por Pedro Lipcovich

Mirar televisión puede dañar a las personas, especialmente a los chicos, por
efectos fisiológicos que son independientes del contenido de cada programa. Así
lo sostiene un estudio publicado ayer en la revista especializada británica
Biologist. Según el trabajo –que reseña y comenta 35 estudios ya publicados en
revistas científicas–, el chico que vea televisión antes de los tres años de
edad corre más riesgo de tener problemas para prestar atención cuando, a los
seis o siete años, vaya a la escuela. Esto se vincula con que la pantalla de la
tele ofrece estímulos “más interesantes que los que usualmente brinda la vida
real”. Además, las técnicas de edición y presentación televisivas
acostumbrarían al chico a modalidades de atención muy rápidamente cambiantes, a
la vez que intensas. Todo esto vendría a “corromper el sistema fisiológico de
la atención”, independientemente del contenido de los programas. Otros trabajos
citados en el artículo vinculan el exceso de tele en la niñez con dificultades
para dormir, obesidad e incluso con un mayor riesgo de autismo. El trabajo
viene a avalar las indicaciones de la Academia de Pediatría de Estados Unidos: que los
menores de dos años no vean televisión en absoluto y que los chicos de
cualquier edad no tengan tele en su cuarto.

El estudio publicado en Biologist lleva la firma de Aric Sigman, miembro del
Instituto de Biología de Gran Bretaña y de la Sociedad Psicológica
Británica. Comienza por observar que, en Gran Bretaña, una persona de 75 años
ha dedicado a ver tele el equivalente a 12 años, durante 24 horas por día.

El artículo cita un trabajo que publicó la revista Pediatrics, órgano de la Academia de Pediatría de
Estados Unidos: el estudio, dirigido por Dimitri Christakis, de la Universidad de
Washington, y efectuado sobre 2623 chicos, encontró que “la exposición a la
televisión antes de los tres años se asocia con problemas en la atención a la
edad de siete años”. Estos problemas eran “consistentes con un diagnóstico de
déficit atencional”. Según la investigación, “por cada hora promedio de
televisión que un chico mire por día, el riesgo de tener problemas atencionales
se incrementa un nueve por ciento”.

Según explica Sigman, “la televisión suscita la denominada ‘respuesta
orientativa’, por la cual la persona responde al movimiento y a cambios
repentinos en la visión o el sonido. En cuanto a la televisión, esta respuesta
se verifica casi desde el nacimiento: los bebés giran sus cuellos hasta 180
grados para verla”.

El artículo destaca que, cada vez más, la televisión apela a diversas técnicas
como los cortes, cambios de cámara, zooms, “paneos”, sonidos repentinos y
diversos recursos de edición que, al activar esa respuesta orientativa,
incrementan la atención del espectador. Un estudio sobre el ritmo y la edición
del popular programa Plaza Sésamo, a lo largo de 26 años, mostró que la
cantidad de esos recursos se duplicó. “Los programas para chicos requieren,
cada vez más, constantes cambios de atención en sus espectadores, pero no
requieren que ellos presten atención a determinados hechos durante lapsos
prolongados”, señala el investigador.

La cuestión es “si este condicionamiento, suscitado por la televisión, puede
relacionarse con ciertos problemas de atención de los chicos en su ulterior
vida escolar” y si “el reciente incremento en desórdenes de atención en chicos
de edad escolar podría ser una reacción a nuestra moderna cultura de alta
velocidad”, es decir, ironiza Sigman, “un déficit de atención cultural”.

Es que “la televisión es el medio perfecto para generar fuertes recompensas por
prestar atención a algo. En comparación con el ritmo en que se desarrolla la
vida real, las imágenes en rápido cambio, sus escenarios, sucesos y sonidos
resultan altamente estimulantes e interesantes. Pocas cosas, en la vida real,
se aproximan a ello”. Sigman destaca que esto no se refiere a los contenidos de
la programación: no importa en este caso si las imágenes son sexuales o
violentas o educativas: lo que cuenta son las “técnicas estilísticas” que la
tele utiliza.

De todos modos, el estudio advierte que esos recursos vertiginosos son más
utilizados por la televisión comercial que por la televisión pública, por
ejemplo la BBC:
“Una escena típica en un programa para chicos es 70 por ciento más larga en un
programa de la BBC
que en uno de la televisión comercial”.

Esas “recompensas”, esas retribuciones que ofrece la tele, tendrían un
correlato fisiológico específico y medible: es un neurotrasmisor, la dopamina.
“La liberación de dopamina en el cerebro se asocia con la recompensa por
prestar atención, especialmente a cosas nuevas y estimulantes.” La
sobreestimulación generada por la tele incrementaría los niveles habituales de
dopamina, lo cual vendría a “corromper el sistema fisiológico que recompensa la
atención”, según Sigman.

En cuanto a los juegos de computadora, “si bien se los considera más
estimulantes que mirar pasivamente un teleteatro, la evidencia muestra que aun
este medio interactivo se asocia con una actividad neurológica sólo limitada.
Un estudio sobre las diferencias en el flujo cerebral entre chicos jugando con
la computadora y chicos haciendo ejercicios aritméticos muy simples, como la
suma de números de un solo dígito, mostró que los juegos de computadora
estimulaban sólo las partes del cerebro asociadas con la visión y el
movimiento, mientras que la suma aritmética activaba áreas muy diversas”.

Según Sigman, “ver televisión, en chicos de menos de tres años, puede tener
efectos nocivos sobre la habilidad matemática y la capacidad y comprensión en
la lectura”.

En 1999, la Academia
de Pediatría de Estados Unidos recomendó oficialmente que los chicos por debajo
de los dos años de edad no vean televisión, ni pantallas en general, porque
ello “puede afectar negativamente el desarrollo cerebral temprano”; también
advirtió que los chicos de toda edad no deberían tener televisión en su cuarto.

 


 

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